El Enfoque de un Adorador

Juan Berrios 3 de junio de 2014 0 Comentarios

Jesús un día llegó a una ciudad llamada Samaria. Se encontraba cansado y se sentó junto a un pozo que allí se encontraba. Los discipulos de Jesús habían ido a un lugar cercano para traer algo de comer. Entonces una mujer de esa ciudad se dirigió al pozo para sacar agua. En ese instante Jesús se vuelve a la mujer y le pide agua. La mujer que estaba sorprendida de que este hombre (Jesús) siendo judío hablara con ella (en esos tiempos los judíos no hablaban con los samaritanos) le preguntó a Jesús sobre una duda que la acongojaba:

—Señor —dijo la mujer—, seguro que usted es profeta. Así que dígame, ¿por qué ustedes, los judíos, insisten en que Jerusalén es el único lugar donde se debe adorar, mientras que nosotros, los samaritanos, afirmamos que es aquí, en el monte Gerizim, donde adoraron nuestros antepasados? (ex de Juan 4:19-20)

Pero para sorpresa de la mujer, Jesús no le da la respuesta que ella esperaba. Quizá ella quería la afirmación de que lo que hacían los samaritanos era correcto y que los judíos estaban equivocados en cuanto al lugar donde adoraban a Dios, sino lo contrario; que los judíos estaban en lo correcto… En cambio Jesús dice:

—Créeme, querida mujer, que se acerca el tiempo en que no tendrá importancia si se adora al Padre en este monte o en Jerusalén. (ex de Juan 4:21)

¡Yo soy Jesús!

A modo de crítica a la comunidad Cristiana. En nuestras discusiones entre hermanos de distintas ramas del Evangelio vivimos cuestionándonos unos a otros diciéndonos: “eso no está bien, esto si”. Sobre que la adoración debe ser con guitarras, o sin ellas, que con levantar las manos y salto, o sin ellos, que nuestro culto debe tener un orden extricto y ritual, o no, etc, etc, etc. Pero Jesús en su forma sencilla y a la vez magistral de enseñarnos las cosas llama a la mujer en ese momento a mirar lo que en verdad es importante:

La mujer dijo:—Sé que el Mesías está por venir, al que llaman Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas. Entonces Jesús le dijo:—¡Yo Soy el Mesías! (ex de Juan 4:25-26)

¡Yo soy el Mesías! ¡Yo soy Jesús! ¡Adorame en espíritu y en verdad! es todo lo que te pido.

El Enfoque de un Adorador

Así como la mujer que aun teniendo al salvador de este mundo en frente no podía verle claramente estamos dejándonos cegar por cosas que poco importan, muchas veces tradiciones o costumbres humanas. ¡Hey amigo! Jesús hoy nos invita a adorarle, a fijar nuestros ojos en Él. Apartándonos de las críticas que no enriquecen a la iglesia, solo siembran discordia. Texto: Juan, Capítulo 4


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