Entendiendo “La Gracia”: fácil de entender, difícil de asimilar

Juan Berrios 7 de mayo de 2014 0 Comentarios

En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1, NVI)

Entender la Gracia de Dios no es muy complicado, lo complicado es asimilarla como una realidad en nuestras vidas y poder vivir con ella.

Entender la Gracia

Antes de que Jesús viniera a este mundo, éramos juzgados por nuestras obras. La ley de Dios para el mundo (en los 10 mandamientos, por ejemplo) nos dice que cosas no debemos hacer. Cuando antiguamente alguien pecaba, ya estaba condenado y no existía casi nada que lo pudiese salvar de la ira de Dios que detesta el pecado.

Pero al llegar Jesús, vivió sin pecar y murió en el lugar de todos nosotros (los que no podíamos cumplir la ley), es por eso que Jesús es la gracia en su esencia. Al haber muerto y resucitado, nos reconcilió con Dios Padre abriendo las puertas del cielo (dejándonos la entrada a través de Él) y llenándonos de bendiciones inmerecidas, la más importante: Vida Eterna. Esto es la gracia, un regalo inmerecido que Dios quiere entregarnos a sus hijos gratuitamente.

Asimilar la Gracia

La gracia se trata del amor de Dios pero la gracia se trata también de entender que necesitamos a Dios

Cuando nos topamos con esta gran noticia y nuestro corazón se llena de gratitud y de amor por nuestro Dios, comenzamos esta guerra con nuestra razón y conciencia.

Siempre hemos entendido que cuando alguien da algo, tiene que recibir otra cosa a cambio, imagínate ahora cómo pagamos semejante sacrificio en la cruz.

Simplemente no se puede.

Cuando dejamos de luchar contra esta persecución hacia nosotros mismos para devolver de alguna forma lo que Dios hizo por nosotros es cuando comenzamos a vivir de verdad la gracia.

Amor Inmensurable

Inmensurable se refiere a algo que no tiene límites ni se puede medir. El Amor de Dios por sus hijos es así. ¿Quién daría la vida de su hijo para salvar a un Criminal?. La respuesta es obvia. Dios entregó a su hijo para demostrarnos una vez más (y de la manera más sorprendente) que nos ama y que no quiere que muramos.

La gracia se trata del amor de Dios pero la gracia se trata también de entender que necesitamos a Dios. Para sus hijos, la respuesta de Dios a toda nuestra maldad, todo nuestro pecado y toda nuestra infidelidad contra Él es Amor, porque nos ama, es que no nos dió lo que merecíamos, sino lo que nos acerca a Él.


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