Ni religiosidad ni Liberalidad: Cristo, el otro camino

Gonzalo David 15 de mayo de 2014 1 Comentario

En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús. (Blaise Pascal)

Muchos jóvenes crecen asfixiados en ambientes de una fuerte religiosidad y moralismo. Sus padres creen que una formación cristiana consiste en una serie de prohibiciones para que no se contaminen con el mundo. Ocurre algo totalmente contraproducente, porque a medida avanza el tiempo y estos jóvenes crecen, van experimentando nuevas cosas y buscando otros rumbos. Son personas cuyas vidas han sido castradas y necesitan liberarse de la represión solapada en forma de “enseñanza en los caminos del Señor“ y de la burbuja en la que han sido criados; en la religiosidad no encuentran el sentido a sus vidas ni el propósito por el cual existen.

No dudo de las buenas intenciones de sus padres, pero ese no es el camino. La opresión, con los años, sólo genera rechazo y distancia. El hijo de una familia con estas características se apartará buscando construir su vida, esa vida que por tanto tiempo le robaron. Se rebelará frente a un sistema familiar que lo ha limitado desde que nació e intentará encontrar su identidad lejos de sus padres y de lo que estos le enseñaron. Es el motivo por el que tantos hijos de cristianos llevan una doble vida o definitivamente se alejan de Dios.

La solución no está en la religiosidad ni en la liberalidad. Tanto el moralista como el que ha decidido rebelarse están esclavizados. La persona que logra escapar de la burbuja en la que creció no es más libre que cuando estaba dentro de ella. La solución para su vida no está en si logra liberarse del yugo familiar o no; está en Jesús. Él es la respuesta a todos nuestros cuestionamientos.

No son más felices los que logran emanciparse de padres estrictos. A lo más experimentarán placeres pasajeros, fluctuantes e insuficientes. Quien más libre busca ser, más esclavo se encuentra de sus deseos, de las circunstancias y de la gente que lo rodea. El remedio no está en buscar caminos propios, sino en ir por el único camino que nos conecta con la vida: Cristo. Él nos hace realmente libres, tanto de una vida reprimida a causa de un hogar moralista, como de una vida aparentemente libre, pero esclavizada por nuestros pecados.

La mayoría de hijos de cristianos, con el tiempo, buscan por otros medios las respuestas que en sus casas no encuentran; respuestas que tampoco encuentran al correr con colores propios tratando de ser dueños de sus vidas, llevando adelante proyectos personales, independientes de todo y haciendo lo que les place; la verdadera libertad no es la que nosotros construimos, ya que esta se encuentra sólo en Dios, a través de Cristo Jesús. El Evangelio rompe nuestras ataduras, tanto las que nos han puesto, como las que nos hemos puesto nosotros a causa de nuestros errores.


ULTIMOS
ARTÍCULOS

Iglesia