Salmo 23: ¿Por Qué Dios es el “Gran Pastor”?

Gonzalo David 6 de agosto de 2014 0 Comentarios

Todo ser humano, hombre o mujer, grande o pequeño, del estrato social o la nacionalidad que sea, necesita de un pastor. Aun cuando tratamos de parecer fuertes, no es más que una recubierta para esconder nuestras debilidades, nuestros temores más profundos, las heridas que el tiempo y las circunstancias nos han provocado. Nadie quiere mostrarse vulnerable.

Aunque lo neguemos, necesitamos de alguien lo más cercano a un superhéroe, en el que esté puesta nuestra admiración, confianza y seguridad.

Todos anhelamos esa certeza de que nada malo nos pasará, porque habrá quien nos cuide, nos consuele y nos guíe. ¿Por qué este deseo, por muy oculto que en algunos casos parezca? A todos, en mayor o menor medida nos han lastimado, hemos sufrido.

El Salmo 23 ofrece palabras de consuelo y esperanza a nuestros frágiles corazones. Nos enseña a poner nuestra confianza en Jehová, el gran pastor, que por ser el modelo perfecto de este oficio, nos ofrece de manera completa y gratuita aquello que necesitamos: paz, protección y comunión:

Me da paz

El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre. (Salmo 23:1-3, NTV)

Los primeros tres versículos del Salmo somos llevados por la metáfora del buen pastor que apacienta a sus ovejas. El rey David tiene su confianza puesta en Jehová, por tanto declara que siendo él su pastor, nada le faltará.

Dios provee todo lo que el hombre necesita, en cada aspecto de su vida. Este Dios misericordioso, además, nos lleva como sus ovejas por verdes pastos, y por aguas confortables. Estas imágenes bordean lo paternal, por el profundo amor que manifiesta en sus cuidados.

Trata a las ovejas como lo que son: seres débiles bajo su autoridad, y que necesitan de su dirección. Este buen pastor conforta el alma, trae el gozo y la paz que todo ser anhela; sólo en él se encuentra la plenitud generalmente esquiva, pero con tanto pasión deseada.

Es curioso que cuando las ovejas son sacrificadas no emiten ruido. Esto ya nos muestra que se trata de animales frágiles. Es relevante entonces que el rey David se compare con una oveja (al llamar pastor a Jehová). “Se trata del rey de Israel, el que ha sido puesto por autoridad sobre todo el pueblo”, que esta reconociendo de cuanto necesita a este gran pastor y de su dirección.

Me da protección

Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan. Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. (Salmo 23: 4-5, NTV)

Lo que venga no dependerá de qué tanto control tenemos de las situaciones, sino de Dios, que está sobre ellas.

David declara que aunque ande en valle de sombra de muerte no temerá porque sabe que estará con el Señor. Afirma que Jehová es su protector, incluso en las instancias de mayor peligro. Su fe está puesta en la seguridad que tiene de Dios.El mismo que lo apacienta, lo protege, y no como sus ejércitos, que están expuestos a innumerables factores, tanto de cantidad, fuerza o armas, sino que Jehová, el soberano de todo, está sobre todas las cosas, y gobierna con poder y autoridad, así que incluso frente a la calamidad no corre peligro, porque el cuidado de Dios no lo abandona.

Muchas veces sentimos temor ante la incertidumbre porque descansamos en nuestras fuerzas, y en lo que nosotros podemos hacer, pero el señor quiere que reconozcamos quienes somos, cual es nuestra posición, y quien es él. Lo que venga no dependerá de qué tanto control tenemos de las situaciones, sino de Dios, que está sobre ellas.

David dice que el Señor lo bendice frente a sus enemigos, le prepara un banquete como si fuese un refugiado recibido amorosamente por un dueño de casa hospitalario. Este “dueño de casa” prepara la mesa, unge su cabeza y llena su copa; lo acoge y trata de manera maravillosa.

Me da comunión

Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre. (Salmo 23:6, NTV)

Por último, el Salmo termina hablando de dos atributos de Dios de los cuales él será el receptor, lo seguirán (o dicho de otro modo: lo perseguirán) todos los días de su vida y que en la casa del Señor morará por mucho tiempo (lo que se puede interpretar como si se tratara de siempre).

Es interesante el versículo 6 porque nos habla de la relación profunda, íntima y permanente de Dios con su hijo. David expresa que vivirá por siempre en la presencia del Señor, probablemente, después de todo lo que ha dicho hasta ahora, es su anhelo más deseado. El Dios en el que está puesta toda su confianza, y cuya protección infranqueable no lo abandona, le ofrece una relación de amor estrecha y duradera.

¿Qué mayor gozo que vivir en comunión con el Señor? ¡No se compara a ninguno de los placeres de este mundo! Como lo expresa también el rey David en el Salmo 27:4. Se trata de lo máximo a lo que puede aspirar el hombre, de la misma forma que lo dice la respuesta a la primera pregunta del Catecismo de Westminster: “glorificar a Dios y gozar de él para siempre”.

David puede afirmar con todo convencimiento que ha encontrado su satisfacción y deleite en Dios. No necesita nada más, en Jehová lo tiene todo, y encuentra su plenitud.

El Buen Pastor… El Gran Pastor

¿Cuántas veces hemos sentido nuestro corazón atribulado ante la incertidumbre o los peligros? ¿cuantas veces nos hemos sentido solos, expuestos a merced de las situaciones de la vida? Este salmo nos ofrece consuelo y esperanza, nos muestra que en Dios debe estar nuestra seguridad, que él es nuestro buen pastor, y como tal nos ampara, nos sostiene, renueva nuestras fuerzas.

Podemos estar pasando por momentos complejos, pero incluso en las adversidades más extremas, Él estará ahí, cuidándonos, velando por nosotros, recogiéndonos, reorientándonos al camino correcto.

¡Cristo ya nos compró para sí! Somos propiedad suya, y él es la roca de nuestra salvación ¿de quién habremos de temer si Él está con nosotros? ¿Qué problemas serán tan graves que no podremos superarlos si él nos lleva de su mano? Nuestra fe no está construida en una muleta, o en un medio débil en qué apoyarse, sino en Jesucristo, el Señor de todo cuanto existe, el príncipe de los pastores, nuestro protector y salvador. ¡ALELUYA!


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