Un llamado a Ponernos a Trabajar

Juan Berrios 8 de julio de 2014 0 Comentarios

Te imaginas que un día alguien viniera y te digiera…
¡Hola! ¿Como estás? ¿Quieres que te ayude? ¡No te preocupes, no es necesario que me des de tu dinero! ¡Solo quiero que trabajes con ánimo, así que te ayudaré para que no sea tan agotador”
Seguramente nuestra respuesta sería “¡Por supuesto! ¡Gracias!”.

Parece que a nadie le gusta la palabra trabajar. Cuando alguien la escucha o la dice provoca una reacción desagradable en nosotros, parece que la asociamos a cosas malas, difíciles y costosas. Pero pareciera que nos cuesta tener ánimo para trabajar.

Hace poco tuve la oportunidad de leer una parte muy poco leída (valga la redundancia) de las escrituras “Hageo Capítulo 1”.

La Rutina “Yo”-Centrica

Pareciera que Dios disgustado en el antiguo testamento nos incomoda más que el Dios compasivo del nuevo, a pesar de ser el mismo. Y yo pienso que debemos leer mucho el antiguo para poner nuestro cable a tierra de vez en cuando, en especial a las cosas que Dios nos demanda con mayor proriedad.

En el capitulo uno el libro comienza anunciando un mensaje de parte de Dios que fue dicho por el propio Hageo al pueblo:

“El pueblo alega: Todavía no ha llegado el momento para reconstruir la casa del Señor … entonces… ¿Porqué viven entonces en casa lujosas mientras mi casa permanece en ruinas?”

Claramente el pueblo de Dios había buscado en sus propias vidas (sus casas en este caso) excusas para no trabajar en la casa del Señor. ¿Te suena familiar?

Cuan identificado me sentí al leer esto y darme cuenta una vez más que estaba otra vez divagando en mi vida.

Cuando la Suficiencia no es Suficiente

La palabra de Dios en Hageo continua explicándoles al pueblo el porqué de sus afanes y como iban cuesta abajo en la situación que se encontraban:

Esto es lo que dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: «¡Miren lo que les está pasando!

Han sembrado mucho pero cosechado poco; comen pero no quedan satisfechos; beben pero aún tienen sed; se abrigan pero todavía tienen frío. Sus salarios desaparecen, ¡como si los echaran en bolsillos llenos de agujeros!».

Ha este caso que nos pasa lo he llamado “la rutina Yo-centrica“, que lamentablemente se encuentra en cada individuo y aun peor de la misma forma en Cristianos y no-cristianos. Parece que “el Dios que provee” ya no es nuestra prioridad y buscamos como vivir nuestra vida de insatisfacciones trabajando cada día más, preocupándonos cada día más y alejándonos de la obra del Señor cada día más también.

Claramente Dios nos está llamando a recapacitar “Miren lo que les está pasando”. Enseguida les (digo nos) da una orden:

Vayan ahora a los montes, traigan madera y reconstruyan mi casa. Entonces me complaceré en ella y me sentiré honrado, dice el Señor.

¿¡¡¡Por Qué Señor Por Qué!!!??

Suele culparse a Dios por todas las cosas malas, en cierta forma estamos reconociendo que Él tiene el control sobre lo que nos sucede, pero que pasa cuando todo “marcha bien“, nos atribuimos todo el mérito, pero lo que es importante “Nos olvidamos de Dios”. Entonces cuando atravesamos por esa fuerte tempestad decimos “¿¡Por que Dios!?“.

Pocas veces somos capaces de echarnos la culpa y reconocer como hombre y mujeres que somos que “cometimos un error“.

Esperaban cosechas abundantes, pero fueron pobres; y cuando trajeron la cosecha a su casa, yo la hice desaparecer con un soplo.
¿Por qué? Porque mi casa está en ruinas —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales— mientras ustedes se ocupan de construir sus elegantes casas.
Es por causa de ustedes que los cielos retienen el rocío y la tierra no produce cosechas.
Yo mandé la sequía sobre sus campos y colinas; una sequía que destruirá el grano, el vino nuevo, el aceite de oliva y las demás cosechas; una sequía que hará que ustedes y sus animales pasen hambre y arruinará todo aquello por lo que tanto han trabajado».

Ahora, nos queda más claro… fué nuestra culpa en serio… Pero ¿Qué pasa con eso cuando ya cometimos el error?

Así llega el Entusiasmo

Si hay algo que nos debe hacer sentir confiados y activos en la obra del Señor es que “es el Mismo Dios que está con nosotros“. ¿O Qué esperabas? ¿Qué nos dejara solos para que lo arruináramos todo otra vez? Por supuesto que no.

Luego Hageo, el mensajero del Señor, dio al pueblo el siguiente mensaje del Señor: «¡Yo estoy con ustedes, dice el Señor!».
Entonces el Señor despertó el entusiasmo de Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y de Jesúa, hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y de todo el remanente del pueblo de Dios. Comenzaron a trabajar en la casa de su Dios, el Señor de los Ejércitos Celestiales

No hay más gozo y ganas de servir en nuestras congregaciones y grupos de hermanos cuando sabemos que Dios está con nosotros y nos da su apoyo. ¿Y sabes Qué? Te apoya a ti ahora. Levántate y trabaja para Dios, que la victoria está asegurada.


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