¿Y si yo no tengo ningún Don Espiritual?

Vanessa Neira 2 de marzo de 2016 1 Comentario

He escuchado a muchos cristianos hacerse esta misma pregunta, sin embargo la palabra de Dios, que es fiel y verdadera, nos responde en 1 Corintios 12 de forma clara y definitiva. En este capítulo, el apóstol Pablo nos explica respecto a cuáles son los dones espirituales y de qué forma son repartidos dentro de la iglesia. Centremos nuestra atención, por el momento, en dos de sus versículos:

“Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” (1 Corintios 12:7)

“Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” (1 Corintios 12:11)

En conclusión, el Espíritu Santo les entrega sin excepción alguna, a cada uno de los hijos de Dios, por lo menos, un don espiritual. ¿Aún no estás convencido? Pues sigamos leyendo.

1 Corintios 12:12 dice: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.” Y luego continua en el versículo 27: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” O para que quede más claro aún, veamos el mismo versículo 27, en la Nueva Versión Internacional (NVI): “Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo.

Como sabemos, en este pasaje, se compara a la iglesia con un cuerpo humano, y señala que indudablemente, cada uno de los hijos de Dios forma parte de este “cuerpo de Cristo”. Pues, al igual que todo lo que forma parte de nuestro cuerpo tiene, al menos, una función, cada miembro del cuerpo de Cristo tiene, por lo menos, una labor que cumplir, para lo cual el Espíritu Santo le ha dotado con un don.

Si eres parte del cuerpo de Cristo, evidentemente eres un miembro de ese cuerpo, y si eres miembro, es imposible que no exista un propósito por el cual Dios te ha puesto dentro de este cuerpo. Por lo tanto, si amas a Dios y reconoces a Jesús como tu Señor y Salvador, ten la seguridad de que tienes, por lo menos un don espiritual.

La mejor manera en que podemos trabajar para la obra de Dios, es utilizando y desarrollando lo más posible los dones que Él nos ha dado, el Señor quiere que practiquemos y disfrutemos aquello para lo cual Él nos ha formado. Sin embargo, ¿cómo saber cuales son nuestros dones?

A continuación, les presentamos una lista con 4 consejos prácticos, que pueden ayudarles a descubrir cuáles son sus dones espirituales, inspirada en el artículo del pastor y evangelista Rick Warren, “Como descubrir tus dones”:

1.- Analiza tus capacidades:  Todos tenemos fortalezas y debilidades, sé sincero contigo mismo y considera para que crees que tienes mayores facilidades y que situaciones te representan mayor dificultad. Reflexiona que es lo que disfrutas más: liderar, servir, administrar, visitar enfermos, enseñar, organizar, orar, predicar, etc. Esto puede entregarte un primer indicio respecto a cuál es tu don.

2.- Prueba, ensaya, practica: Es realmente difícil saber que tienes, por ejemplo, el don de sanidad, si nunca has orado por un enfermo, o que tienes don de maestro, si nunca has enseñado. Intenta participar en diferentes ministerios y trabajar para el Señor de formas nuevas para ti. La realidad es que dentro de nuestras iglesias podemos servir de muchas maneras distintas, y probar cosas nuevas te puede proporcionar un nuevo punto de vista y una idea mucho más clara respecto a cuál es tu don.

3.- Escucha a quienes te rodean: Generalmente los dones espirituales son corroborados por otros, pues estos producen frutos en nuestra vida, que son percibidos y reconocidos por quienes nos rodean. Muchas veces el orgullo cierra nuestros oídos y no nos permite escuchar los consejos y opiniones de los demás, pero recuerda que es edificante y sano para nuestro crecimiento espiritual, escuchar las críticas constructivas de quienes nos aman, como nuestros amigos y familiares.

4.- Mantén una relación de intimidad con Dios: Los “dones espirituales” reciben este nombre precisamente porque son manifestaciones del Espíritu de Dios que está en nosotros, por lo tanto, mientras más íntima sea nuestra comunión con Dios, más fácilmente podremos descubrir cuál es nuestro don, y así mismo, cual es la voluntad y propósito de Dios para nuestras vidas. Para lograr esto es fundamental la oración, pues es nuestro medio directo de comunicación con el Señor.

Les recordamos que esta no es una fórmula matemática que si siguen “al pie de la letra” les permitirá llegar a una respuesta exacta, sino que más bien es una especie de guía, pues al fin y al cabo, es Dios, a través del Espíritu Santo, quien te entregará la respuesta, de la forma y en el tiempo que Él considere mejor dentro del plan perfecto que tiene para tu vida.

Por último, una vez que descubras cuál es tu don, o si sientes que ya lo has hecho, no olvides que debes trabajarlo y ponerlo al servicio de tu iglesia, para la edificación y crecimiento del cuerpo de Cristo.


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