Desayuno de Campiones

Vanessa Neira 20 de febrero de 2014 1 Comentario

Hace unos días tuve insomnio, ¡tres noches seguidas sin poder dormir! En la primera noche me quedé dormida a las 5 de la mañana, en la segunda a las 7 y en la última a las 6. Fue terrible. Sin embargo, tuve mucho tiempo para pensar, y Dios me enseñó muchas cosas que considero importante compartir.

Lo primero que aprendí es que para poder dormir bien podemos y debemos hacer muchas cosas, como hacer deporte, comer alimentos saludables, ejercitar la mente, etc. El problema fue que yo leí esto luego de la primera noche de insomnio, por lo que no tenía las ganas ni la energía necesaria para realizar estas cosas. Me sentía cansada, me dolía la cabeza, andaba distraída y de mal humor, era como si mi cerebro funcionará, con suerte, al 50%.

En nuestra vida espiritual muchas veces sucede algo parecido. Cuando no descansamos en el Señor, espiritualmente andamos, con suerte, al 50%, y este “insomnio espiritual” nos quita la energía, las ganas y la motivación que necesitamos para realizar todas aquellas cosas que debemos hacer para tener una vida espiritual sana.

Otra cosa que aprendí es que la comida más importante del día es el desayuno, e irónicamente, es la que yo casi siempre me salto. Un buen desayuno nos permite tener la energía que necesitamos para funcionar bien el resto del día. Entonces, si físicamente nuestro cuerpo necesita de un buen desayuno, ¿habrá algún “desayuno espiritual” que necesitemos para comenzar el día?

La Respuesta

“Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.” (Juan 4: 31 – 34)

Como hijos de Dios, nuestro modelo a seguir, nuestro ejemplo, debe ser nuestro Señor Jesucristo, y tal como él dijo, nuestro principal “alimento espiritual” debe consistir en hacer la voluntad de Dios y trabajar para su obra. Sin embargo, a veces nos cuesta entender cuál es la voluntad de nuestro Padre. Cuando pasamos por situaciones difíciles o cuando debemos tomar decisiones importantes, nos preguntamos: “¿Cuál será la voluntad de Dios? ¿Qué es lo que espera de mí? ¿Cuál será el propósito de Dios para mi vida? ¿Por qué Dios deja que me suceda esto?

Desayuno Espiritual

En una de estas noches de desvelos, leyendo un libro acerca crecimiento espiritual, comprendí que Dios nos entrega diversas herramientas para lograrlo, y que deben ser parte de nuestro “desayuno espiritual”.

La forma más básica y fundamental para aprender a conocer la voluntad de Dios es su Palabra. El estudio de la biblia es un instrumento imprescindible para el crecimiento espiritual, porque a través de él aprendemos a conocer a Dios, a entender como nos exige que nos comportemos, a llevar una vida de discípulos, y comenzamos a adquirir la mente de Cristo. Porque Dios quiere que lo adoremos de corazón, pero también con una mente que sepa quién es Él.

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Otra forma de conocer la voluntad de Dios es la oración. La verdad, la primera vez que leí esto, no lo comprendí. ¿Cómo podemos aprender a hacer la voluntad de Dios a través de la oración, si en la oración somos nosotros los que le hablamos a Dios? Sin embargo, la oración no solo es un deber y un privilegió que Dios nos entrega, sino que también es un medio a través del cual aprendemos a alinear nuestra voluntad a la de Dios, porque al orar nuestra relación con el Señor se fortalece, se vuelve más cercana, más íntima, y tenemos una mayor comunión con Él. Entonces, ya no pedimos que se haga nuestra voluntad, sino que la voluntad de Dios se haga en nuestras vidas.

Por último, no debemos olvidar la adoración, ya que no hay nada que nos revitalice, nos de energía y nos llene de alegría, como alabar a nuestro Dios.

“Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche, en el decacordio y en el salterio, en tono suave con el arpa. Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo.” (Salmos 92: 1 – 4)

Entonces, éstos deben ser los ingredientes para nuestro desayuno de campeones: estudio de la Biblia, oración y adoración. Estos se resumen muy bien en el siguiente párrafo:

“La adoración espiritual la ofrecen personas que se deleitan en honrar a Dios, en orar a Dios, en escuchar a Dios con toda su mente ocupada en la palabra” (“Cinco cosas que todo cristiano necesita para crecer”, R. C. Sproul. Pag. 43).

Por lo general buscamos otros momentos en el día para realizar estas cosas, nos decimos a nosotros mismos: “en la tarde leo la biblia” o “en la noche oro”, pero la mayoría de las veces esto no funciona, porque los improvistos del día nos hacen retrasarnos y darle prioridad a las distintas urgencias que se presentan, o estamos tan cansados al final del día que simplemente nos tiramos en nuestras camas a dormir.

Los beneficios de darnos el tiempo para orar, adorar a Dios y leer la biblia en la mañana, consisten en que esto nos permiten comenzar el día buscando a Dios, instruyéndonos en su palabra, adorándolo, dándole el primer lugar que debe tener en nuestra vida, además de llenarnos de energía y motivación para afrontar el día que empieza. Es cierto que por hacer estas cosas no tendremos necesariamente un excelente día, lleno de éxito y buenas noticias, pero por lo menos tendremos las herramientas que necesitamos para hacer frente a las distintas pruebas y dificultades que se puedan presentar.

Para terminar, es importante que recordemos el siguiente versículo:

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida, el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Juan 6: 35).

 


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