Esperanza: La Constancia que no cae

Juan Berrios 29 de julio de 2014 0 Comentarios

Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil. (1 Corintios 15:58, NTV)

Encontré la moda que nunca pasará de moda: rendirse antes de tiempo. Sin dudas, rendirse y dejar de luchar es una verdadera gripe que nos encierra en la habitación por semanas. Podemos ser muy “entregados a Dios” pero aún así, la constancia en lo que hacemos se verá afectada tarde o temprano por algún motivo.

Es difícil hacer un manual sobre “cómo ser constante”, por no decirlo imposible. Pero sin embargo existe la forma de serlo y tiene una gran ventaja por sobre todas las demás formas: esta funciona.

Problemas, problemas, problemas

La causa de que no seamos constantes es que nos aproblemados por todo. Cada vez que enfrentamos un obstáculo nos hundimos y no sabemos qué hacer. Y a pesar de que nos llevemos toda la noche sin dormir, haciendo mil trámites y planeando el cómo, el cuándo y el dónde en nuestra cabeza, no solucionamos nada y si lo hacemos, quedamos aún más preocupados.

La forma de no caer en la desesperación no es una receta mágica ni una cosa fácil de conseguir y se llama: esperanza. ¿Han escuchado “la esperanza es lo último que se pierde”? como si fuese a lo último que nos debiésemos aferramos en un intento forzoso por creer. Pero la realidad debiese ser muy distinta.

La esperanza es lo que nos mantiene motivados, aún cuando las cosas “parecen marchar mal”.

Desesperar, esperar, esperanzado.

Existe una cadena de evolución que solo puede ser perfeccionada mediante oración y Fe. Para llegar a la esperanza debemos transformar la desesperación en espera. Facilmente puedes ir y contarle a todos tus amigos que estás mal y que quieres mandar todo al carajo. Pero difícilmente puedes controlar tu desesperación y decir para ti mismo “Dios tiene un propósito en esta tormenta”.

Claramente las frustraciones y los problemas suelen ser acompañados de “bajones espirituales”. Pero ¿has intentado hacer lo contrario (aunque cueste)?. Mientras pueden pasar días y días pensando y sufriendo ¿No es mejor recurrir a Dios enseguida?.

Luego cuando pasamos a la espera no una respuesta, nos vemos otra vez decaídos. Entonces, la salida a esta situación es (adivinen cual), seguir orando y “confiando”. ¡Ya lo tienes!. Ha llegado la esperanza.

Entonces, nuestra lucha por vencer la desesperación por nuestros medios es inútil si no recurrimos primero a Dios y a la “esperanza” que Él nos da.

Constancia y Esperanza: ¡Ánimo!

Pero, ¿Qué tiene que ver todo esto con la constancia? Mucho. Dios nos llama a “ser contantes”, pero como sabe que nos cuesta nos da una mano 😉 La constancia que Dios nos pide es en sus caminos. Por lo que nada de lo que hacemos tendría sentido si no permanecemos en Él.

Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pueden pedir lo que quieran, ¡y les será concedido! (Juan 15:7, NTV)

¿Leíste bien? “Pidan lo que Quieran”. Nuestros problemas cotidianos y no tan cotidianos tienen solución en Jesús. Esta es la esperanza de la que te hablo, confiando en su palabra y en que Él hará. Descansando en sus poder, podemos seguir motivados y ser constantes.

Cuando hayas perdido el ánimo y todo salga mal, recuerda que Dios está ahí para tenderte una mano, pero tu debes alzar las tuyas: confía y el responderá. Entonces tu constancia no decaerá nunca.


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