Hablemos sobre #autocontrol

Juan Berrios 11 de enero de 2015 0 Comentarios

El autocontrol en la vida de un Cristiano es fundamental para lograr avanzar en un crecimiento espiritual solido. El problema está en cuando no lo ejercitamos y comenzamos a dejarnos llevar por nuestras propias fuerzas.

Esta bien, no digo que quizá tendremos alguna que otra recaída. Aunque es importante resaltar que ceder al pecado es como darle la espalda a Dios o cerrar los ojos ante el sacrificio de Jesus.

Eso es. En resumidas palabras “cerrar los ojos“.

Querer es Poder: El Quiebre

Yo lo veo así. Si tengo mejor comunión con Dios, mantengo mi mente y mis fuerzas en Él por lo que estaré mas fortalecido en el momento de la tentación.

Existe una cadena que cuesta romper cuando cedemos ante la tentación. Se trata de cuando pecamos y nos acostumbramos a pasar por alto ciertas cosas que a Dios no le agradan. Si vives en algún vicio o en algo que te cuesta dejar, te puedo asegurar que eso no es imposible de acabar y que Dios quiere trabajar en ti para que lo dejes de hacer.

La cuestión es un poco más complicada de lo que se ve. Yo he escuchado millones de veces que Jesús venció a la muerte y al pecado, pero llevándolo a la práctica y sabiendo que debemos actuar como Jesús. Estamos muy pero muy lejos.

Lo típico que pensamos ante este tema de la tentación (y hablo de eso que a uno le cuesta vencer o dejar) es que nos damos por abatidos antes de dar la pelea. Ya sabes, es más fácil y factible para nuestra condición de humanos pecadores dejar que todo fluya y hacer callar la vocecita interna que te dice “eso esta mal amigo!“.

Pero aquí no hay truco ni nada por el estilo. Lo que Dios nos pide lo podemos encontrar en muchos versículos de diferentes formas… a mí me encanta este:

Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. (Santiago 4:7, NTV)

Cuando comenzamos a vivir este “estado de humillación” delante de Dios, es cuando las cosas comienzan a funcionar. Y okey, no hablo de hablar a los cuatro vientos nuestras vergüenzas. Se trata de reconocer a Dios como quien nos puede librar de nuestro problema. Como un Dios poderoso que tiene la capacidad y todo el poder (valga la redundancia) de hacerlo. Tu dices “tengo un problema” y Dios dice “yo te haré descansar“, tu dices “esto es más fuerte que yo” y Dios dice “nada es más fuerte que yo, yo te daré las fuerzas”.

La batalla diaria

Cuando en Santiago vemos que dice “Resistan al diablo“. Lo que suele ocurrir es que experimentamos como todo marcha bien en un principio, nos sentimos fuertes y que Dios se está encargando de cambiarnos. Pero luego volvemos a caer y nos sentimos nuevamente derrotados. Aquí es donde viene todo lo que conocemos: nos culpamos, culpamos a Dios, culpamos al mundo, etc, etc, etc. Y no es que no tengamos la culpa: Porque Dios nos dejó muchas herramientas para vencer la tentación. Solo que no hacemos nada al respecto.

Y no hacemos nada de nada. Esperamos que Dios actúe en nosotros y nos quedamos de brazos cruzados. Como si hubiésemos leído “No te preocupes, yo me encargo, sigue con tu vida“.

El resistir la tentación depende de nosotros, es tan simple como: Si pecas, tu tienes la culpa, pero Dios te perdona si es que eres un hijo suyo. Aunque a mi me gusta verlo desde otra perspectiva y entender que hay algo mas: Si pecas, tu tienes la culpa, porque no hiciste nada para resistir y preferiste lo más cómodo y fácil. Lo cierto es que Dios no quiere verte así, lo cierto es que Dios te perdona. Pero lo más importante que quiero que sepas es que Dios quiere cambiar tu vida.

Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir. (1 Corintios 10:13, NTV)

No es Imposible y No lo haz intentado

Es muy fácil seguir culpándonos y orando a Dios prometiéndole una y otra vez cambiar. Pero es una alternativa mucho más saludable esforzarnos para no pecar.

Antes de terminar me gustaría dejarte un ejemplo muy gráfico:

Había una mujer que se encontraba con sobrepeso. Un día se dio cuenta que no podía seguir así y decidió salir a trotar todas las tardes. El problema es que trotando y en su recorrido solía pasar por una pastelería y no aguantaba las ganas de pasar y comprar un gran torta. Así que siguió saliendo a trotar pero también continuaba pasando por la pastelería y continuaba comprando diariamente una torta. ¿Qué crees que pasó? Obviamente nunca adelgazó, porque se engañaba a si misma al salir a correr prefiriendo la ruta que la llevaba a la pastelería.

Esa es la respuesta más simple y general que te puedo dar sobre esto: Esfuérzate para no pecar. Mantente atento, recuerda que el pecado nos gusta y que aceptar caer en tentación te puede abrir una puerta a muchas otros pecados que luego no podrás controlar fácilmente. No juegues con fuego, si continuas haciéndolo lo más probable es que vuelvas a caer. Apártate de lo que te hace mal. Recuerda que todo nos es permitido pero no todo nos conviene. A eso me refiero.

Sean Bendición!


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