Prosperidad cuando hay Fracaso

Juan Berrios 6 de abril de 2014 0 Comentarios

Podemos encontrar muchas definiciones para “motivación pero para resumir podríamos decir que se trata del una razón que nos impulsa a hacer las cosas.

Si te pregunto ¿Cual es tu motivación para levantarte hoy? quizás me respondas: mi familia, mi pareja, mi pasión, mis gustos, etc. Todas estas cosas nos impulsan a hacer las cosas bien y a esforzarnos por conseguir y lograr éxitos en la vida.

Pero ¿Que sucede cuando hacemos las cosas pensando en el éxito, incentivados por dichas motivaciones y no vemos resultados? Acaso ¿estamos haciendo las cosas mal?… o simplemente ¿necesitamos seguir esforzándonos para conseguirlas?.

El ver a otros adquirir y tener cosas ha inspirado a muchos a alcanzarlas por si mismos, eso aunque puede estar bien o no, es cierto. Nuestra motivación para hacer las cosas muchas veces nace de “lo que otros logran o lograron“. Quizá este es uno de nuestros errores por el que “no logramos lo que queremos”: creer que lo que los demás tienen también debemos llegar a alcanzarlo.

¿Estará bien ponernos la vara alta del vecino para conseguir nuestras metas?. Muchos de ustedes dirán que si.

Muchos de nosotros vivimos para algo (creo que son muy pocos los que viven por vivir), por lo menos vivimos para disfrutar el día. Cuando no logramos llegar a ese rango que satisface nuestras metas nos ahogamos dentro de un pozo llamado “fracaso“, donde nos sentimos menos que antes y nos volvemos los peores críticos de nosotros mismos. Sin embargo hay una perspectiva que el hombre desde su óptica natural le cuesta trabajo observar, asimilar y aprovechar, y es la influyente acción sobrenatural de Dios en beneficio del nosotros.

En el fracaso no somos capaces de levantarnos y dejar que Dios nos entregue nuevas y mejores metas y desafíos

Es difícil pensar en la satisfacción cuando estamos pasando por momentos de fracaso, pero no es imposible. Cuando una persona llega a agotar sus cartas intentando lograr sus metas—las logre o no—debe dar gracias a Dios y esperar en su infinita sabiduría. Aunque para muchos, la voluntad de Dios no está ligada a la prosperidad material del hombre, y en cuanto a lo espiritual, algunos piensan que el hombre está sometido a diversas pruebas que lo llenan de problemas hasta desaparecer de la tierra en su hora de partir.

Definitivamente ni lo uno ni lo otro. La voluntad de Dios es que el hombre disfrute al máximo en la tierra en una vida de bendición y prosperidad.

El prosperador

Dios prospera en todo lo que la persona necesita, sin embargo, solemos atribuir nuestras visiones materiales, pasionales, sentimentales, laborales, etc, a un estado de prosperidad o fracaso. En ambas Dios promete ser fiel, pero nosotros no estamos dispuestos a recibir un NO como respuesta. En el fracaso no somos capaces de levantarnos y dejar que Dios nos entregue nuevas y mejores metas y desafíos. Un corazón que quiere hacer la voluntad de Dios espera precisamente hacer “la voluntad de Dios”, esa que desea “lo mejor para nosotros“. Una persona que haya entendido eso es de seguro que recibirá incluso antes de pedir, por lo que sus triunfos se darán de manera natural y lógica. Este es el norte que debemos perseguir, sea que estemos pasando por fracasos o por éxitos debemos confiar en que Dios prospera a sus hijos en todo lo que hacen.


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