¿Qué vió Jesús en Mi?

Juan Berrios 18 de abril de 2017 0 Comentarios

Hoy más que nunca es bueno recordar sobre la gracia y el valor que Jesús nos dio en la cruz. Pero ¿Habrá en mi algo que agradó a Jesús antes de escogerme? ¿Acaso mis talentos o acciones me hacen merecedor de tan gran privilegio? Vamos a analizar la historia de Zaqueo y su encuentro con Jesús, para esto necesito que tengas a mano Lucas capítulo 19.

Yo, Zaqueo

Zaqueo era un hombre malo, era el jefe de los cobradores de impuestos, por lo que tenía mucho dinero, trabajaba para el imperio Romano, era muy importante y la gente obviamente lo odiaba, sin embargo, eso a él no le importaba. Lo tenía todo, riquezas, respeto, poder, mujeres quizá ¿Qué le podría faltar?.

Entonces nos encontramos con que Jesús pasaba por la ciudad y este Zaqueo se entera. Por su curiosidad quiere conocerlo, ya que decían que este Jesús era el Mesías prometido, la gente lo seguía como una estrella de rock. En medio del alboroto por acercarse a Jesús,  Zaqueo, que era bajito de estatura (versículo 3) se sube en un árbol para poder verle.

Apenas se sube, Jesús lo mira a la cara y le dice “Zaqueo, date prisa y baja, porque hoy debo quedarme en tu casa” (versículo 5).

¿Cuantas veces no actuamos como Zaqueo? Creemos que Jesús no nos ve y nos subimos a los árboles más altos para tratar de verlo. “¡Oye Jesús!, ¡estoy aquí!“, gritamos mientras buscamos su compasión por toda la maldad de nuestro corazón. Actuamos como religiosos tratando de agradar a Jesús, pero nos olvidamos que Dios toma siempre la iniciativa. No seríamos sus hijos si Él no nos hubiese alcanzado en la oscuridad, no seríamos salvos si Él no hubiese muerto en nuestro lugar, no tendríamos propósito si Él no nos hubiese dado una esperanza de vida eterna.

Sé que estás ahí

Desde ahí la historia tiene un vuelco 180º. Jesús, mira a los ojos a Zaqueo, lo llama por su nombre y le ofrece una invitación que no puede rechazar. Me imagino a Zaqueo diciendo en su mente “¿Cómo es que me conoce?“. Y he aquí nuestra primera lección: Jesús no tiene tapujos sociales o culturales “Jesús sabe que lo necesitas y está ahí para ti“. Él te llama por tu nombre y nos invita a comer con Él. Él quiere tener una amistad cercana con nosotros y quiere compartir con nuestras familias y amigos su invitación.

Lo segundo que a Zaqueo se le pudo venir a la cabeza fue pensar “¡toda una celebridad quiere comer conmigo en mi casa, que afortunado soy!“. Zaqueo aun no dimensiona la profundidad de la visita de Jesús a su hogar ni lo que habría de venir.

Entonces, Jesús, el Dios santo, estaba comiendo con inmundos malechores en la casa de Zaqueo y ocurre algo, algo dentro de Zaqueo cambia. Ese Jesús del que hablaban había despertado en Zaqueo la necesidad de arrepentirse por su conducta, la necesidad de un cambio.

Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado. Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Abraham; porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lucas 19:8-10, LBLA)

¿Así? ¿Con mi estatura?

Así como Zaqueo era bajito de estatura corporal,  nosotros somos bajitos de estatura espiritual. Seguimos empecinados en que todo se trata de nosotros: nuestro éxito, nuestra reputación, nuestro estatus, etc.

Pero Jesús se interesa en nosotros. Y eso es lo que cambió todo el panorama de Zaqueo. En ese tiempo ningún fariseo, ni tampoco el más ferviente fariseo se habría acercado a un malechor recaudador de impuestos para ser su amigo y hablarle de Dios. Esto nos hace pensar “¿Cómo estamos actuando con nuestro prójimo?“, “¿Nos acercamos a quienes necesitan de la palabra de Dios?“. Porque Dios si está cerca de quienes lo necesitan.

Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; (1 Corintios 1:27, LBLA)

Dios escoge a lo necio y a lo débil del mundo para avergonzarlo.

Sé que esta frase suena terrible cuando nos creemos “los elegidos y especiales de Dios“. Pero aún así es una frase maravillosa que nos dice “nada valemos sin Dios“. Es más, suena aun más maravilloso cuando entendemos que ante Dios somos más valiosos que el mundo, por cuanto nos compró con su sangre. Es por eso que pudiendo nosotros acumular riquezas, talentos o técnicas de superación personal; nada se comparará a una relación cercana con Jesús.

Se trata de Jesús

No se trata de cuan bueno puedas ser, cuan malo hayas sido o cuanto te puedas esforzar, todo lo que hagamos nunca será suficiente para un Dios Santo y perfecto. Es por eso que debemos abandonar la idea de agradar a Jesús por nuestras propias acciones. Estas solo deben ser un reflejo del amor que tenemos por Él.

Debemos vivir por Él y para Él, de modo que nuestro valor está en que somos suyos y en que El Dios del universo nos compró para su gloria.


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