Santidad y Gracia: Ser Perfectos

Juan Berrios 5 de junio de 2016 2 Comentarios

Pero tú debes ser perfecto(santo), así como tu Padre en el cielo es perfecto. (Mateo 5:48, NTV)

La ley de Dios es dura. Nos enfrenta a lo que no debemos hacer, pero terminamos haciendo igual, más aun cuando leemos el sermón del monte donde Jesús explica como aplicar la ley en lo cotidiano, nos damos cuenta que es más difícil aun.

La ley que no se puede cumplir (totalmente)

El problema con la ley de Dios es que no puedes escoger parte de ella (o lo que más te guste) para cumplirla, si no la cumples toda, estás pecando. Esto significa literalmente que “estamos fritos”. Por más que nos esforcemos en cumplirla no podríamos porque nuestra naturaleza nos impide hacerlo.

Jesús habló montones de veces de la ley. Dijo que no vino a abolirla, sino que a cumplirla, incluso condenó a aquellos que se creían justos y presumían de llevar una vida santa cuando en realidad solo manipulaban la ley a su antojo.

Y así como dijo que vino a cumplirla; la cumplió y la cumplió a cabalidad. Entonces nos encontramos con esta “supuesta contradicción espiritual: Dios nos exige ser perfectos, pero ni siquiera podemos cumplir la ley, por más que lo intentemos.

Muchos Cristianos viven atormentados por esto día tras día, pero llegó el momento del descanso.

La Vida Perfecta de Jesús

Lo que Jesús quería que entendieran mientras predicaba era que no importa cuanto intentemos, nunca podremos con la pesada carga de la ley.

Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana». (Mateo 11:28-30, NTV)

Muchos mencionamos que el sacrificio de Jesus en la cruz nos salvó y es cierto, si Jesus no hubiese muerto en la cruz no tendríamos reconciliación con Dios padre, pero de nada hubiese valido su muerte si en su vida hubiese pecado. De hecho el más mínimo pecado haría nuestra salvación vana y falsa.

Jesús vino a vivir la vida de la forma en que nosotros no podemos vivirla “Santamente”. Es por eso que al ser reconciliados con Dios por medio de Él podemos ser llamados “Santos”. Es Su santidad la que nos hace justos ante Dios. Se me viene a la mente algo del versículo que dice:

Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo. (2 Corintios 5:21, NTV)

Gracia y solamente Gracia

Somos justos aunque no lo merecemos, aunque caemos seguimos siendo justos, aunque sigamos luchando contra ese pecado o vicio somos justos. ¡Descansa! ¡Esto es Gracia! Ya te estas pareciendo a un fariseo. Jamás podremos agradar a Dios con nuestras buenas obras, si no es el Espíritu Santo El que actua en tu vida, no vale de nada.

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Y entonces la Santidad…

Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas. Y se nos instruye a que nos apartemos de la vida mundana y de los placeres pecaminosos. En este mundo maligno, debemos vivir con sabiduría, justicia y devoción a Dios, mientras anhelamos con esperanza ese día maravilloso en que se revele la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.(Tito 2:11-13, NTV)

Esto es importante. Y no quiero que me mal interpretes, con lo anterior no quiero decir que debemos dejar de buscar la santidad día tras día, sino que simplemente con nuestras fuerzas no podemos alcanzarla.

El día a día del Cristiano debe ser arrepentimiento tras arrepentimiento, entrega tras entrega y en ese camino es donde el Espíritu Santo va a obrar en tu vida cambiando tus hábitos, cambiando tu corazón y mostrándote el camino que ha hecho para ti.

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Comentarios

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  1. […] ¿Cómo es esto? Porque Jesús al morir y resucitar nos reconcilió con el Padre, para que ahora El no vea nuestro pecado cuando mire a nuestro corazón, si no que vea la vida perfecta de Jesús. […]