Tu no eres tan Distinto

Juan Berrios 24 de octubre de 2013 1 Comentario

Cada día me sorprendo más de Jesús y llego a la conclusión de que mientras mas me acerco, mas lejos estoy de parecerme a Él. Y es que mi propio pecado no me deja ver más allá de mi mismo, de mis necesidades, de mis problemas, de mis complejidades y dudas.

Me pasa siempre que leo la biblia y empiezo a entender algún pasaje donde Jesús les habla a los fariseos, suelo decirme –”tu no eres muy distinto”. Me río y me asombro a la vez, porque eso significa que me estoy hundiendo en mi propia sabiduría, mi sabiduría que está llena de pecado y es imperfecta.

Bueno, solemos decir que somos pecadores, que el mundo es pecador, que nosotros aun siendo “hijos de Dios” seguimos siendo pecadores y bla bla bla. Pero al parecer mientras más lo escuchamos y lo repetimos, se nos vuelve más cliché y terminamos perdiendo el sentido de lo que significa “ser pecadores”. Esta semana, Dios remeció mi vida una vez más y ¡adivinen que!… fue con un pasaje de la biblia que ya había estudiado, leído y escuchado muchas veces (que casualidad :P).

Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre llamado Mateo sentado en su cabina de cobrador de impuestos. «Sígueme y sé mi discípulo», le dijo Jesús. Entonces Mateo se levantó y lo siguió. Más tarde, Mateo invitó a Jesús y a sus discípulos a una cena en su casa, junto con muchos cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama. Cuando los fariseos vieron esto, preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su maestro come con semejante escoria?». Cuando Jesús los oyó, les dijo: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí» Luego añadió: «Ahora vayan y aprendan el significado de la siguiente Escritura: “Quiero que tengan compasión, no que ofrezcan sacrificios”. Pues no he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores». (Mateo 8:9-13, NTV)

Sigo actuando como un necio fariseo, apegado de la ley y despreciador de todo pecador, pensando: “con este no me tengo que juntar, porque no comparto su forma de pensar, de vivir, ni siquiera de hablar”.

Mal, mal, mal. Habiendo experimentado el amor que Dios ha derramado sobre mi, un pecador, como cualquier otro, ¿Cómo puedo mirar a otros por debajo de mi?. Estamos centrándonos en nosotros, cuando en realidad se trata de Jesús, de su amor y de su gracia. Sin Él no seríamos nada.

Entonces, si en algo somos distintos a los demás, es en que JESÚS un día cambió nuestras vidas para siempre y gracias a ÉL somos salvosO sea que ni siquiera de eso podemos jactarnos. Entonces… ¿De que nos vamos a enaltecer?, mejor dicho, ¿Por qué tendríamos que mirar a otros de manera distinta?, si ni siquiera Jesús despreció a los que (catalogados por nosotros) serían los peores pecadores. O vamos a actuar como fariseos y hacer una “lista mental” con todos los tipos de pecadores, diciendo “este si merece ser salvo… Este otro no, es muy malote, nada lo hará cambiar, esta perdido”. (Quien nos creemos… Dios?)

Quizá nos hace falta situarnos en el lugar en que tendríamos que estar SI NO FUESE POR JESÚS… Este lugar sería junto con estafadores, asesinos, mentirosos, violadores, fornicadores, idolatras, etc. Duele no? Pero es la realidad de quien no ha experimentado la presencia de Dios en su vida.

Debemos bajarnos de nuestra “nube de superioridad” y mirar a nuestro alrededor con amor. Con el amor que Jesús sintió por cada uno de nosotros al morir en la cruz, ese amor que no discrimina, ese amor que tiene verdadera compasión, el amor que nos indica su mandamiento “amarás a tu prójimo…”.


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