Una Vida Abundante

Juan Berrios 9 de noviembre de 2013 0 Comentarios

Dar

Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.

»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas. El que trabaja a sueldo sale corriendo cuando ve que se acerca un lobo; abandona las ovejas, porque no son suyas y él no es su pastor. Entonces el lobo ataca el rebaño y lo dispersa. El cuidador contratado sale corriendo porque trabaja sólo por el dinero y, en realidad, no le importan las ovejas.

»Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí, como también mi Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre. Así que sacrifico mi vida por las ovejas. (Juan 10:10-15, NTV)

A diferencia de un ladrón, Jesús no viene por razones egoístas. Viene a dar, no a recibir. Viene para que las personas puedan tener vida en Él, vida con significado, útil, alegre y eterna. Recibimos esta vida abundante el momento que lo aceptamos como nuestro Salvador.

Jesús nos promete una vida mucho mejor de la que nos podríamos imaginar, un concepto que nos recuerda en 1 Corintios 2:9: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.”Dios es capaz de hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, y lo hace porque es poderoso, y ese poder está obrando en cada uno de los que le reconocemos como nuestro Dios. (Efesios 3:20).

Casas, autos, lujos

Antes de comenzar a tener visiones de casas lujosas, autos, cruceros en todo el mundo, y más dinero de lo que podemos gastar, tenemos que hacer una pausa y pensar en lo que Jesús enseña sobre la vida abundanteLa Biblia nos dice que la riqueza, el prestigio, la posición y el poder en este mundo no son las prioridades de Dios para nosotros (1 Corintios 1:26-29), es más Cristo desecha el poder y la sabiduría humana para poner por sobre esto, su poder y sabiduría.

En cuanto al estado económico, académico y social, la mayoría de los cristianos no procede de las clases privilegiadas. Claramente, entonces, una vida abundante no consiste de una abundancia de cosas materiales. Si ese fuera el caso, Jesús habría sido el más rico de los hombres. Pero no fue así (Mateo 8:20).

Verdadera Abundancia

La vida abundante es la vida eterna, una vida que comienza en el momento que vamos a Cristo y lo recibimos como Salvador, y continúa a lo largo de toda la eternidad. La definición bíblica de la vida — específicamente la vida eterna — es proporcionada por Jesús mismo:

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (Juan 17:3)

Esta definición no hace mención de la longitud de los días, la salud, la prosperidad, la familia o el trabajo. De hecho, lo único que menciona es el conocimiento de Dios, que es la clave para una vida verdaderamente abundante.

¿Qué es la vida abundante? En primer lugar, la abundancia es abundancia espiritual, no material. De hecho, Dios no es excesivamente preocupado por las circunstancias físicas de nuestras vidas. Él nos asegura que no necesitamos preocuparnos de la comida ni la vestimenta (Mateo 6:25-32; Filipenses 4:19).

Las bendiciones físicas pueden o no ser parte de una vida centrada en Dios; ni la riqueza ni la pobreza es un indicio seguro de nuestra posición con Dios. Salomón tuvo todas las bendiciones materiales posibles, pero encontró todo sin sentido – vanidad de vanidades (Eclesiastés 5:10-15). Pablo, por otro lado, estaba contento en cualquier circunstancia física en la que se encontraba (Filipenses 4:11-12).

En segundo lugar, la vida eterna, la vida por la cual un cristiano realmente se preocupa, no es determinada por la duración, sino por una relación con Dios. Esto es por qué, una vez que nos convertimos y recibimos el regalo del Espíritu Santo ya tenemos la vida eterna (1 Juan 5:11-13), aunque no, por supuesto, en su plenitud. La longitud de la vida en la tierra no es sinónima con la vida abundante.

Finalmente, la vida de un cristiano gira alrededor del principio de crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y el Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Esto nos enseña que la vida abundante es un proceso continuo de aprendizaje, práctica, y maduración, así como fracaso, recuperación, ajuste, perseverancia, y vencimiento, porque, en nuestro estado actual, “vemos por espejo, oscuramente” (1 Corintios 13:12). Un día veremos a Dios cara a cara, y le conoceremos completamente tal como nosotros seremos conocidos completamente (1 Corintios 13:12). Ya no lucharemos con el pecado y la duda. Esto será la vida abundante finalmente realizada.

Aunque somos naturalmente deseosos de cosas materiales, como cristianos, nuestra perspectiva de la vida debe ser revolucionada (Romanos 12:2). Así como nos convertimos en nuevas creaciones cuando venimos a Cristo (2 Corintios 5:17), así debe ser transformada nuestra comprensión de la “abundancia”. La verdadera vida abundante consiste en una abundancia de amor, gozo, paz y el resto del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no una abundancia de “cosas“. Consiste en una vida que es eterna, y por lo tanto, nuestro interés está en lo eterno, no en lo temporal. Pablo nos amonesta,

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3:2-3).

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