Vacaciones sin Dios

Vanessa Neira 9 de febrero de 2014 0 Comentarios

Por fin podemos disfrutar de las tan anheladas vacaciones. El estrés, la presión, el agotamiento, todo eso se va cuando llegan las vacaciones. Es una de las épocas más esperadas del año. Todos hemos dicho alguna vez “¿cuándo llegaran las vacaciones?.

Porque, pensar en vacaciones es pensar en: playa, viajes, descansar, flojear, “hacer nada”. Esto representaba, para mí, las queridas vacaciones.

Sin embargo, Dios nunca deja de actuar en nuestra vida, y a veces lo hace de manera muy directa. Bastó un versículo para que me hiciera reaccionar:

“El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmos 91:1)

Según el diccionario de la Real Academia Española, “habitar” significa: “Vivir, morar”.

Vivir para Dios implica que Él debe ser parte de todo lo que hacemos, pensamos y sentimos. Pero en aquella ocasión, Dios me mostró la cruda realidad: toda mi vida había vivido unas vacaciones sin Dios, como si también estuviera de vacaciones de fortalecer mi relación personal con Él.

Orar, leer la biblia, ir a la iglesia, compartir la palabra del Señor… Parecía que en vacaciones estaba permitido “relajarse” en todas esas cosas. Sin embargo nuestro Señor nos exige un comportamiento muy diferente:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5: 14-16)

La luz que como hijos de Dios debemos ser para el mundo, no debe estar oculta, ni en vacaciones, ni en ningún momento de nuestra vida. Es Dios quien nos entrega estos instantes de descanso y tiempo libre, los cuales, además de agradecer, debemos aprovechar, y hacer todas esas cosas que, por falta de tiempo y energía, no podemos realizar durante el año. De hecho, las vacaciones deberían ser nuestros periodos de mayor crecimiento espiritual, de comunión con Dios y con nuestros hermanos en Cristo, porque contamos con todo lo que se necesita para tener las mejores vacaciones con nuestro Señor: Tiempo.

Dio debe ser el primero en toda circunstancia de nuestra vida, incluyendo nuestras vacaciones, porque como nuestro Señor Jesús dijo:

 “…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.” (Mateo 22: 37-38).


ULTIMOS
ARTÍCULOS

Iglesia